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VIVIR Y MEDITAR

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En una mañana brillante, llena de sol y de vida, Ruth se dirigió a la playa.

Sentada sobre la arena, comenzó a contemplar el mar:

Las olas bañadas de blanca espuma, las nubes en el horizonte, las pequeñas islas que se divisaban a lo lejos, con sus inclinadas palmeras, de verdoso color, pelícanos, gaviotas y las personas bañándose en el mar.

Ruth decía: ¡ Que felicidad ! Ahora si, a gozar de este bello paisaje…

Pasaron dos, tres y cuatro días.

De mañana contemplaba el paisaje y de noche lo recordaba.

Al quinto día, comenzó a meditar y se decía:

Que extraño, la vivencia está dentro de cada una de las personas, pero no se puede medir, pesar, tocar con las manos, o ver con los ojos de la carne, sólo sé que está ahí.

No puedo decir, que el gordo tiene más vivencia que el flaco, por estar más gordo, ya que puede ser lo contrario.

Entonces, ¿ Dónde se encuentra, o qué tan grande es ?

Sé que está ahí y no logro localizarla.

Sólo me da pistas de alegría, cuando sonríe una persona, o de tristeza, cuando hay lágrimas en sus ojos ó de emosión, cuando mira con cierta mirada.

La vivencia parece como el viento, no se ve, ni se coge, pero se siente.

Y se dijo a sí misma:  Sí se siente, y aquí la tengo, continuaré gozandola lo más que pueda.

Y así lo hizo durante varios días más.

Después de ese tiempo reflexionó, dándose cuenta, que ya no sentía lo mismo.

Empezó a sentir, que después de todos esos días, ya se estaba aburriendo, todo le parecía la rutina de todos los días.

En una de las caminatas por la playa, se vió a sí misma y se asustó.

¡ Que !  ¿ Qué pasó ?  ¿ A dónde se fue mi vivencia ?

Me ha abandonado y hoy me siento sola, pero, ¿ Qué hice para que me abandonara ?

Y aquello que tanto quería Ruth, parecía alejarse, cada día más.

Triste y cansada, después de mucho caminar, se echó rendida en la arena, se quedó dormida y comenzó a soñar:

Veía muchas palomas que volaban altísimo, a grandes velocidades y formaban una gran comunidad.

Gozaban de dicha y felicidad, y se volvían hacia ella, invitándola a volar, en espíritu.

Notaba algo en aquellas palomas, ninguna se preocupaba, por cuidar su vivencia, gozarla o presumirla, se olvidaban de ellas mismas, pero llevaban el gozo en su alma.

Por lo único que se preocupaban, era por hacer la voluntad de Dios, que las dirigía con amor, sabiduría y justicia.

Ruth, después de despertarse, se dijo a sí misma:

Así que en cualquier vivencia espiritual,

¿ Cuando el fin es gozar del placer sentimental, tiende a disminuir su intensidad y cuando se deja de lado, con el fin de agradar a Dios, se vive más intensamente ?

¡ Qué raro ! Exclamó, y se quedó pensativa, contemplando el mar…

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