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CONFLICTO Y ENCUENTRO

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El niño comenzaba a cruzar un puente colgante de un gran cañón.

Eran muchos metros dé altura y una longitud de 25 metros.

Sentía miedo de sufrir un accidente, tomaba con fuerza las sogas de éste y daba un paso y otro, midiendo el peligro.

Tenía que cruzarlo o nunca volvería a casa.

Se había perdido del grupo con el que andaba y del otro lado del puente, veía una casita, que ya habían utilizado antes como refugio, pero el puente nunca lo habían cruzado.

Siempre habían tomado otros caminos más seguros, para no arriesgar sus vidas, pero éstos rodeaban demasiado.

Por este hecho, tenía mayor temor al cruzarlo, se detuvo apenas cuatro metros recorridos y ante sus temores, brotaban muchos cuestionamientos en su mente:

¿ si me mato ?                         ¿ será esto un suicidio ?      ¡ No quiero morir !

¡ pero no tengo alternativa !      ¿ resistirá el puente ?          ¿ no estará podrido ?

¿ qué tan viejo será ?                ¿ me animo a cruzarlo ?

y temblando de miedo estaba en ese dilema.

Nunca había tenido una confrontación tan difícil consigo mismo, era una situación de vida o muerte.

No podía dejar la decisión para mucho rato después, porque era en el atardecer y pronto oscurecería y temía ser atacado por algún animal,

                                     ¿ de dónde nace la valentía ?

Si me dijeran que resiste perfectamente el puente,  

¿ me animaría a cruzarlo ?

¿ cómo puedo contrarrestar mi temor con valentía ?

 ¡ Únicamente con fuerza de voluntad !

¿ qué tan grande es mi fuerza de voluntad ?

tengo 12 años y me tiemblan las piernas de miedo.

De pronto oyó un aullido de un lobo, del lado de donde venía él y eso lo motivó a seguir avanzando.

El lobo se hizo visible y el niño caminaba con mayor rapidez pero con mayor temor.

El lobo hizo él intento de caminar para atacarlo, pero se detuvo al primer paso, para medir el peligro y el niño ya no tenía nada que pensar, únicamente tenía que actuar.

Dando un paso y otro, sentía que se movía el puente, caminaba, porque ya no había alternativa de quedarse parado    “meditando sus temores”.

 El lobo, inconscientemente calculaba el peligro, contra el hambre que traía. Mientras éste se decidía a cruzarlo, el niño ya había cruzado hasta el otro lado, corrió hasta el refugio y afortunadamente la puerta estaba abierta, entró y cerró por dentro, respirando agitadamente.

Esa noche tardó mucho rato para poderse dormir, hasta que se tranquilizó, cuando convencido veía que ya no podía pasar nada.

Esta situación, lo había dejado más cansado que la misma caminata, por la tensión nerviosa, del peligro que hizo consciente.

Al otro día se levantó hasta medio día.

 Sus amigos estaban preocupadísimos, que algún animal se lo hubiera comido, o que algo le hubiera pasado en la noche.

 Después de buscarlo mucho rato en la mañana, llegaron por un camino a descansar al refugio      ¡ Oh sorpresa !     ahí lo encontraron.

Después de platicarles lo sucedido y después de descansar volvieron a casa…

Este niño después de unos años se preguntaba:

Si el lobo no se hubiera presentado      ¿ hubiera cruzado el puente ?

 ¿ Por qué en la vida necesitamos, que los temores nos estén empujando a caminar, en vez que nos esforcemos por alcanzar lo que más nos conviene, respecto a la verdad ?

 Pienso que yo estaría más autorrealizado, si mi valentía fuera pura, si no fuera por temor al lobo.

 Ahora me pregunto si mi fuerza de voluntad es mayor que el miedo a los lobos…

 Esa inquietud despertó en ese joven, una fuerza de voluntad, enfocada cada día, a buscar la verdad, para actuar más libremente en la vida y no movido por falsos temores…

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