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MORIR Y VIVIR

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Con los labios resecos, los ojos lastimados por el sol y las piernas cansadas, respirando con trabajos, daba un paso y otro paso, en la arena interminable del desierto.

La fuerza del viento y el sol, lo hacían debilitarse, cada vez más.

 A sus emociones, ya no les hacía caso.

 Eran siempre engañosos esos espejismos en el desierto, sólo tenía la esperanza de llegar a algún refugio.

¿Qué eran unos pasos más, ó unos pasos menos, en la inmensidad del desierto?

 Parecía lo mismo caminar, que dejarse caer en ese momento.

 ¿Para qué gastar energías, cuando la ventaja que se adquiere se pierde en la inmensidad?

 ¿Para qué realizar un esfuerzo en cada paso, buscando fuerzas perdidas?

Estos pensamientos pasaban por su mente, al ir subiendo una loma de arena; pero un solo pensamiento, con fuerza de voluntad, era más fuerte que los pensamientos que iban en contra.

 Con la esperanza en su pensamiento, ” si lograra llegar a un refugio…”, derribaba los pensamientos, que iban en contra.

Llegó a una planicie y de nuevo vió aquel oasis, que ya había contemplado antes, pero en aquella ocasión, cuando ya casi llegaba al oasis, éste había desaparecido.

 En esa nueva situación y con aquel cansancio se preguntaba:

                ¿será un espejismo?  o  ¿ahora sí será el verdadero?

Entonces se dijo a sí mismo: mientras no lo compruebe, siempre me quedaré con la duda.

 Y siguió caminando, casi arrastrando los pies.

 Al fin llegó y    ¡éste sí era verdadero!

Ahí se rehabilitó, y unos peregrinos que ahí se encontraban, le ayudaron, subiéndolo a un camello, a llegar a su destino.

Al ver a distancia el oasis, este hombre le comentó a un peregrino:

 Qué remordimiento hubiera tenido, cuando al partir mi espíritu a otra existencia, hubiera visto, que al estar cerca de la vida mi cuerpo, había sufrido la muerte, vencido por el desánimo; pero la paz y la alegría la llevo en mi y para los míos, al verme de nuevo en la vida, por haberlo dado todo.     Por mí no quedó…

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