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LA PALOMA MENSAJERA

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La blanca paloma, entre las nubes, realizaba su vuelo.

Aleteaba sin cesar, mirando desde lo alto, cerros, vegetación y un río caudaloso.

¿A dónde iba esta paloma?

 Era la paloma, mensajera de Dios.

¿Qué mensaje llevaba?

El mensaje de la vida.

¿A quién se lo llevaba?

A todos los hombres, en especial.

Cada hombre podía ser su morada, pero no todos eran dignos, de poseerla.

 Lo único que les pedía, era estar en Gracia de Dios, ser humildes, abiertos a la verdad.

 Traía en sí misma, tesoros insondables de luz, amor, gracia y paz de Dios.

 Regalos de justicia para el mundo, fuerza para hacer crecer el bien, entendimiento para comprender los planes de Dios y que el mundo fuera feliz, traía la verdad infinita, que quita todo velo de inseguridad y de tiniebla, para ver claro y evitar el error.

Enseña, a saberse comunicar con Dios y amarlo.

Ayuda a ser sabio y prudente, con espíritu de caridad, de castidad y obediencia.

¿Tantos regalos podía llevar, una sencilla paloma?

 Es mucho más perfecta, que un teléfono celular sofisticado, porque es transmisora del espíritu de Dios, de lo infinito, del cielo que no se ve, de ese lugar lejano que nos espera, pero que se hace presente, por medio de ella.

 Se abrieron las nubes y la pudieron ver multitudes, que la esperaban con alegría, cantos y bailes.

 Levantaban sus manos, glorificando a Dios.

Ella es la llave, que abre la puerta de lo infinito, de lo eterno, de la verdadera felicidad, de la verdadera razón, por quien se vive.

Es portadora de vida, aconseja a quien se lo pide, forma parte del principio y fin de todo cuanto existe.

Los que creyeron en ella, recibieron, infinitamente más, de lo que se esperaban.

Los que no creyeron, vivieron el dolor, la soledad y el destierro, sufriendo la muerte.

¿Tan importante era esta paloma?

 Sí, importantísima, más importante, que los reyes de la tierra.

 Ella guía la historia de la humanidad, para salvarla de su propia destrucción, hasta que ella, lo vea justo.

Si tan importante es, debería ser igual de importante, para cada hombre.

 Por eso, el hombre, debería aceptarla y buscarla, para compartir sus regalos, porque de esto depende la vida y la felicidad eterna, de lo contrario, la muerte y el dolor.

¿Por qué no le dan, los hombres, esta importancia?                                 

Porque muchos, que han recibido el don, no lo han sabido apreciar, para hacerlo crecer.

 Tal vez, prefieren el placer, que la verdad; o son más grandes sus miedos y sus dudas, que la confianza en Dios; o su flojera, que su compromiso interior; su cobardía, que el valor de poseerla; su egoísmo, que entregarse a la voluntad de Dios.

Únicamente, los que reconocieron estos males, en sí mismos y lucharon por cambiar, y fueron perdonados, lograron recibir estos regalos, que los hizo vivir con plenitud, eternamente…

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