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EL ENVIADO

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Así habla el enviado:

Abrí mi puerta a la luz y entró la luz a iluminar mi corazón, como fuego blanco, consumió la paja que habitaba en mi.

Barrió las cenizas,  limpió y pintó por dentro mi casa, con colores de paz, armonía, felicidad, castidad y alegría.

 Sentí un gran fuego que salía por la chimenea, como antorcha de amor que alumbra en las tinieblas, ése fue el día que el sol salió desde mi casa y habitaba en mí.

 Desde entonces ya no soy el mismo, mis enemigos me ven y se confunden, mis amigos tienen más confianza en mi, los que no me conocen, se sienten invitados a gozar del calor, que despide mi hogar.

 Lo más importante, es que el fuego se prendió en aquéllos, que al mirar la luz que habita en mi, dejaron que el fuego de mi casa, entrara en ellos y consumiera lo que paja era, ante los ojos de Dios…

 Cuando guardo silencio, la voz de mi conciencia habla.

 Tengo por espada la verdad y ella dirige mis manos.

 Sale a mi encuentro mi adversario y pega en el escudo del amor; su espada se rompe contra la mía, nada puede contra mi.

 Al caer rendido en el suelo, no soy capaz de matarlo, sale al encuentro de él, otro escudo y otra espada, reservada para él, cuando se arrepienta de sus obras.

 Así se formó el gran ejército de la nación consagrada, el ejército de los elegidos del Señor.

 Por eso nadie se mofe de El, porque El me hizo su soldado, para llevar la luz de Dios a las naciones y sigan sus designios…

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