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MI APRECIABLE VIEJO

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En las montañas más altas de la región, a mitad de éstas, habitaba un viejo vagabundo, en una choza del pequeño pueblo.

Había llegado a ser famoso por sus aventuras.

¿ Por qué se apartó a vivir de esa manera ?

¿ Qué buscaba con su modo de vivir ?

Estas preguntas, quería hacérselas personalmente al vagabundo, un joven quien llevado por la curiosidad, fue a visitar a este anciano, ya que había oído hablar de él.

Arregló su mochila con todo lo necesario, se amarró bien sus botas y con la mirada en las alturas de la montaña, se dispuso a caminar.

Después de mucho caminar, estaba cansado y decidió hacer una escala en el camino.

Armó su casa de campaña, hizo una fogata, tomó alimentos y durmió.

Al día siguiente, se levantó temprano y después de desayunar y recoger su equipaje, siguió su camino.

Pudo divisar en poco tiempo, el conjunto de chozas, a mitad de la montaña. Llegó preguntando por el famoso Tom y le indicaron su propiedad, llegó, se paró afuera de ésta y saludó  ¡ buenos días !   

Salió el viejo Tom, con su bastón y largas barbas, miró al muchacho de pies a cabeza, luego le sonrió:   ¡ buenos días muchacho !   ¿ en qué te puedo servir ?

(Joven) He oído hablar de usted, quise conocerlo y hacerle unas preguntas.

(Tom) Entra, toma asiento   ¿ qué te interesa saber ?

(Joven) Me despertó mucha curiosidad, saber por qué vive en este lugar tan apartado, tan difícil de llegar, y donde hace tanto frío.

El viejo Tom se volvió a sonreír.

Mira muchacho, yo estaba tan joven y tan apuesto como tú, cuando decidí conocer el mundo.

Nunca me interesó formar un hogar, ni trabajar para juntar fortunas, mi inquietud fue conocer el mundo, diferentes personas, diferentes lugares, otras civilizaciones y modos de pensar.

Te diré, que aún me quedaron muchas cosas por conocer.

La vida cada día me ha enseñado algo nuevo, a veces desagradable y a veces cosas extraordinarias.

Una vez, al subir este monte que estás pisando, al estar repeleando ese pico que puedes mirar, se resbaló mi mejor amigo, mi compañero inseparable de las aventuras, con quien compartía las mismas inquietudes e ideales, se golpeó en la cabeza y cayó hasta abajo, me dolió bastante su muerte y quise hacer algo por él.

Lo mejor que pude hacer fue enterrarlo aquí mismo y quedarme a su lado haciendo oración, para ayudarlo espiritualmente, en cualquier plano de existencia que se encuentre.

El deseo de viajar disminuyó bastante, ya no sería lo mismo andar solo por el mundo, después de un tiempo de quedarme aquí, decidí hospedarme permanentemente, ya han pasado 20 años.

El joven sorprendido le preguntó:

¿ No pudo quedarse en la parte baja de la montaña y visitar la tumba de su amigo cada verano ?

(Tom) ¡No, no, no! Como te he dicho, la vida me ha enseñado cada día algo nuevo. Hay un dicho que dice:    “Donde está tu tesoro ahí está tu corazón”.

Primero me quedé por mi amigo, después pensé ofrecerle todos mis sacrificios a nuestro Creador, para ayuda del alma de mi amigo, por eso aguanto el frió y todo lo demás.

Con el tiempo he ido perdiendo las fuerzas, y ya no puedo ir de un lado a otro como antes, por eso también estoy aquí.

Este lugar tiene sus compensaciones, por ejemplo:

Aquí me siento auto-realizado, viviendo la poca vida que me queda, siendo útil para mi amigo, con mi forma de vivir y también aquí se respira aire fresco y puro, además se ven los atardeceres más hermosos del mundo y se vive en paz.

El Joven salió de ahí satisfecho de haber despejado su curiosidad, pero con una gran inquietud por discernir, el misterio que encerraba la vida de un vagabundo, que dejó de serlo, por amor a su amigo…

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