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IR AL CIELO

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Pedro se divertía en la feria, acompañado de amigos y amigas, se subían a la rueda de la fortuna, los carros chocadores, la montaña rusa, tiro al blanco, gozaban del show, etc.

Dió tiempo libre a su niño psicológico, lo dejó salir y todo el tiempo se reía y carcajeaba, su energía se había vuelto más positiva, se veía relajado y muy feliz.

¡Cómo deseaba que esos momentos continuaran sin término!

Como cuando al dormir, alcanza lo que en la realidad es una fantasía.

Su corazón se llena de todos esos sentimientos de felicidad, alegría, paz, armonía y de Amor por la vida; pero no siempre era lo mismo, ni la misma alegría, sólo podría ser perfecta y eterna en el cielo, prometido por Dios para los que se portan bien, según su Voluntad.

¿Cómo será el cielo?

Ya no habrá llanto ni dolor, ni cansancio, no habrá necesidad de tribunales para la justicia, todos formarán una comunidad de justos, que vivirán amándose unos a otros.

¡Qué maravilla!   ¿Cuál es el precio para ir allá?   ¿Únicamente portarse bien?

¡ENTONCES LO LOGRARÉ!

En cuanto contó uno de sus sueños, a sus compañeros de trabajo, la burla salió a flote, la carrilla hizo mella día tras día, no se sintió escuchado y menos comprendido, se sintió solo, pero a pesar de todo, el llevaba en su corazón la firme determinación de ir al cielo, a reunirse con su Creador, cuando al final de su vida, EL lo llamara.

Al llegar a su casa cansado, se dió cuenta que un ladrón se había llevado unos discos de la computadora, con información muy valiosa para él, además de la caja de recuerdos personales.

Ardió de coraje, con ganas de agarrar a ese ladrón, meterlo en la cárcel y recuperar sus cosas, pero su ira era en vano, el ladrón ya se había escapado.

Duró unos días deprimido y pensativo y logró reconocer que estaba muy apegado a aquello que había perdido, y que solo le hacía daño, para alcanzar el cielo que lo esperaba y recordó esa pregunta que a se había hecho

¿Qué tengo que hacer para ir al cielo?

¡Portarme bien! ¿QUÉ ES PORTARME BIEN? Hacer lo que Dios me pide ¿Qué me pide?

Lo único que veo en este momento, es que perdone al ladrón. 

¿Lo podré hacer?

Con la ayuda de Dios pienso que   ¡Si!   Y así lo hizo.

Se dió cuenta que al perdonar, se desvaneció el odio, la tristeza, el sentimiento de frustración e impotencia

¡OH, CUANTO SE GANA AL PERDONAR!

Además, creo que gané puntos para ir al cielo.

¿Por qué algunos no pueden perdonar?   Y se quedó pensativo por un rato.

Para ganar una batalla, es necesario ser más fuerte que el enemigo.

¿Dónde radica la fortaleza espiritual, para contrarrestar el desprecio y el dolor?

Pienso que en mi caso, es la ilusión de ir al cielo.

Al ir caminando, se encontró a Jaime, uno de sus amigos que fue a la feria, le platicó que le habían robado y como llegó a perdonar al ladrón y la experiencia de haberse sentido mejor.

Pedro le preguntó:   ¿Dónde crees que radique la fuerza espiritual?

(Jaime) ¡Yo pienso que en LA FE en DIOS!

Esperamos en el cielo que nos promete y si seguimos el camino que nos indica ¡Llegaremos!

(Pedro) ¡No creas que fue fácil, perdonar a ese ladrón!

(Jaime)   ¡Lo creo!   ¡Pero lo hiciste!   ¡Felicidades!

Pedro al llegar al trabajo, descubrió en la oficina, uno de los objetos que le habían robado y la ira regresó de nuevo, al descubrir quién fue el ladrón y su conciencia le gritó:

                ¡¿Si ya lo habías perdonado, por qué te enojas?!

Ese río furioso de fuerza negativa, mejor lo canalizó a reflexionar y trabajar con más ganas ese día, sin decirle nada a su rival.

Al día siguiente, ya sin odio, más bien con un sentimiento de tristeza por el culpable, trató de platicar con él para que le devolviera sus cosas, pero éste había querido hacerlo por maldad, para tener más motivos de burla y de carrilla, por eso no se las regresó.

Ante esta frustración, decidió mejor pedirle a Dios por la conversión del ladrón, pues ya no podía hacer nada.

Quitarle las cosas a la fuerza, meterlo a la cárcel, ó difamar su mala conducta, no lograría cambiar el corazón de su rival.

Decidió, ir más allá de lo que cualquiera haría.

En esa semana era cumpleaños del ladrón y a la hora del pastel, en la oficina, le dió un pequeño regalo, felicitándolo; éste se quedó descontrolado en sus sentimientos, pensando que algo se traía Pedro entre manos, planeando vengarse y continuó con su mala actitud, probando la bondad. 

Pedro fué constante en su apertura positiva, el ladrón comenzó a cambiar poco a poco.

Al pasar el tiempo, cada uno encontró nuevas oportunidades de trabajo.

Ya no se volvieron a ver, pero el ladrón ya no olvidó a este compañero de trabajo, que al recordarlo día a día, hizo cambiar su vida.

HOY EL CIELO ACOGE AL QUE SIEMPRE LO ESPERABA, porque supo pagar el precio, supo portarse bien…

Hoy en la eternidad, sus sueños son una realidad, ve y vive, más de lo que se esperaba y SU FELICIDAD NUNCA SE ACABARÁ, PORQUE AMÓ TANTO A DIOS SU CREADOR, AL HACER SU VOLUNTAD, QUE COMO REGALO, LE COMPARTIÓ SU CIELO…

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