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COHERENCIA CON LA VERDAD

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En una gran ciudad, había un joven que vivía en un departamento, con sus papás.

Llevaba una vida que cualquiera pudiera calificar como normal, Pero su vida espiritual, le traía inconformidad.

Un día andaba muy pensativo, a causa de sus malestares sentimentales, salió del  departamento y se dirigió a un parque.

Comenzó a caminar despacio alrededor de él, para meditar un poco, comenzó por Preguntarse:

¿Qué es esta inquietud por encontrar la verdad?

 ¿de dónde me viene?

¿quién ha sembrado en mí espíritu, esta inquietud?

Comenzó a ver los árboles y el verde pasto, luego se decía a sí mismo: Cuando no soy coherente con la verdad que tengo en mi conciencia, sé que me hago tonto solo.

Estoy convencido que no es el camino, para encontrar la felicidad verdadera, porque para vivir ésta, es indispensable ser coherente con ella.

Continuó caminando y tomó asiento en una banca, bajo un frondoso árbol, mientras continuaba pensando:

Si no soy lo que debo ser   ¿entonces quién soy?

 Me he sentido mal, cuando hago lo contrario a lo que había pensado ó creído, dejándome llevar Por otras corrientes.

 Sé que cuando me he dejado llevar, por mi supuesta seguridad y no por la verdad, es cuando después, más inseguro me he sentido.

 Cuando me he dejado llevar por la opinión de mi prójimo y no tanto por la verdad, para no sentirme solo, es cuando más solo me he sentido.

También, cuando me he dejado llevar por la pereza, para sentirme cómodo y no he seguido la verdad, es cuando en mi vida interior, me he sentido bastante incómodo, etc.

 Estoy inconforme conmigo mismo, sé que al no ser integro con la verdad, eso me resta mucha felicidad, hoy me arrepiento de muchas cosas que he llegado a hacer.

Esta vida barata que me he forjado, me está costando cara, cuando por el mismo precio, podría estar viviendo en mi interior  ¡lo mejor!  

¡La verdadera felicidad!…

 Se levantó de la banca, en ese lugar solitario y dijo a grito abierto: ¡Basta Ya!

Dejaré de ser mediocre, dejaré de hacerme tonto solo y seguiré la verdad.

 ¡Quiero vivir la verdadera felicidad!

 Con el modo de ser que he llevado   ¡nunca la encontraré!.

 ¡Tengo que cambiar!   ya sé lo que haré:  ¡La buscaré y seré coherente con ella! ¿Qué debo de hacer para, conquistarla?

 Comenzó a caminar de nuevo y subió hasta el penthouse de un edificio muy alto, de donde podía divisar la ciudad abajo a su rededor.

 Este joven dejó que la verdad brillará en su conciencia y le hablara al corazón. Desde entonces comenzaron a sanar sus sentimientos y a sentirse autorrealizado.

 La semilla de la verdad que había dejado entrar a su conciencia, cada día limpiaba más su corazón y éste podía ver mejor la luz, con más fuerza, con mayor amplitud y con mayor paz. ¡La Verdad lo Hacía Libre!

Reconoció, que su Creador, había puesto esta inquietud como medio indispensable, para que llegara a ser, lo que estaba llamado a ser…

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