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APERTURA

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En el grupo de clases, los compañeros organizaron una excursión a la playa. Rentaron un camión y llegaron a acampar, por varios días.

En las noches hacían fogatas, se ponían a cantar y a tocar guitarra.

Un día, varios estaban a la orilla del mar, sentados en una roca, pescando.  Tomás le preguntó a Rafael:

 ¿ Tu crees en Dios ?

 Rafael, mirándolo a los ojos, le dijo:

 Primero dime que es Dios para ti y luego te digo si creo, o no creo.

 Tomás le comentó:

 Yo creo que es pura energía, que es un Dios cósmico, que abarca todo el Universo.

 Pasó un silencio y preguntó Rafael:

¿ Y luego ?   ¿ qué más es Dios ?

 Tomás, agachando la mirada le dijo:

 La verdad es que no creo en Dios.

(Rafael) ¿Entonces para qué me preguntaste?

(Tomás)  Para ver si creías.

(Rafael) ¿ Y para qué quieres saber si creó ?

(Tomás) Para ver si estás loco.

Rafael lo seguía cuestionando: O sea, que según tú   

¿ si no creo soy normal y si creo soy un loco ?

(Tomás)  Así es.

(Rafael) ¿ Por qué consideras locos a los que creen en Dios ?

Tomás con sinceridad le contestó:  Porque hacen locuras, he leído que se dejan matar en nombre de DIOS, en vez de gozar en esta vida, se la pasan haciendo sacrificios y renuncian a muchos placeres.

Por el amor a su Dios, llegan hasta perder el miedo a la muerte.

Hay algo que verdaderamente me desconcierta, la mayoría de los que creen, transmiten en su rostro mucha paz.

Entre ellos se ve, que casi no hay rivalidades y que se aman con un amor envidiable.

Son capaces de vencer muchas tentaciones y es evidente, que con su forma de ser, logran buenos resultados, viviendo con una mayor armonía interior.

Es por lo que llego a envidiar su fe, pero a la vez se me hace algo tan abstracto y tan difícil, que lo considero una locura.

Rafael le aclaró:  Para ti es una locura, pero para los que creemos, es un don del cielo, al cual no nos cerramos, sino que luchamos por hacerlo crecer.

 Tomás con grande curiosidad le preguntó:  ¿ Así que tú también eres creyente ?

 Rafael con serenidad afirmó:  Si, soy creyente.

 Tomás no se abstuvo de comentarle:  Con razón, a ti también te veía diferente.

 Esta conversación, fue el inicio, para que con el testimonio de Rafael, Tomás ya no se cerrara a la fe que de niño había recibido, desde ese día, se animó a vivir la locura de la fe, que había permanecido latente…

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