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VIVENCIA

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La blanca paloma volaba y volaba, siempre ascendiendo, el espacio era de ella y conquistaba lo que ya era suyo.

Dios ya se lo había dado desde su creación, sin embargo, desconocía todo lo que se le había dado.

Ella consciente de esta verdad, se decía a sí misma:  

conoceré y conquistaré lo que ya es mío, parece esto una contradicción, si ya es mío                       ¿para qué lo conquisto?            

                      ¿cuál es la diferencia entre tener y hacerlo mío?

y se quedó meditando en esta enorme diferencia.

Todas tenemos a Dios en nuestras almas, cuando nacemos, porque El nos hizo, pero                           ¿cómo lo podré hacer Mío?

La pequeña paloma se había metido en un dilema eterno.

 Mientras volaba tomando altura a los rayos del sol, seguía meditando:

 Si a una paloma le regalaran todas las tierras del continente más largo, desde ese momento  ¡ya suyas!

 pero lo que existe en realidad, es el concepto de propiedad, que tiene en su mente y tal vez un documento firmado, los cuales, después de conocer y vivir sus propiedades, tal vez sea lo último que necesite, porque lo más importante fué haberlas conocido y sobre todo vivido.

Se miró a cierta altura ya considerable, se llenó de gozo y dijo a los espacios y a todo lo que éstos encerraban:

 Los Amo porque ya son parte de mí, yo estoy en ustedes, y ustedes están conmigo, mutuamente nos ayudaremos, a hacer nuestro lo eternamente conocible…

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