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lunes, 24 julio 2017
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ENCUENTRO

Encerrado, buscaba dar solución a una inquietud que latía en su corazón, era un misterio que lo envolvía y que quería conocerlo y vivirlo.

Quería encontrarse a sí mismo.

Cerró su cuarto, apagó las luces y en la oscuridad se analizaba:

Primeramente, pasaban por su mente algunos pendientes de cosas por hacer, después recuerdos e ilusiones que estaban latentes, pero su objetivo estaba más allá de lo que todos los días hacía; quería encontrarse a sí mismo y ya había tomado esa fuerte determinación.

Tuvo que ser así, para apagar las luces del mundo, que tanto lo distraían, para encontrar lo que ya había brotado a su conciencia.

De pronto le daba miedo estar solo, pero su motivación era más fuerte que este obstáculo, estaba dispuesto a pagar el precio...

Había aprovechado el final de unas vacaciones, para entrar en sí mismo.

Lo que le ayudaba, era haberse predispuesto semanas anteriores, para este momento decisivo.

En esta casa junto al mar, en un cuarto independiente, fué el lugar ideal para este encuentro.

Las primeras horas se las pasó acostado, dejando pasar por su mente recuerdos y fantasías, que traía del mundo externo, fiestas, paseos, estudios, amigos, ilusiones, desilusiones y experiencias de la vida diaria.

Al término de un rato se encontró en una pregunta:   ¿Quién soy yo?

Se iba quitando de una a una las máscaras que lo envolvían para verse a sí mismo:

A) Lo que he hecho en mi vida.

B) Lo que tengo.

C) El medio ambiente y clase social en la que he convivido.

D) Físicamente, ¿quién soy?

E) ¿Hasta dónde me acepto a mi mismo?

F) ¿Qué inquietudes tengo?

G) ¿Cuáles son mis gustos?

H) ¿Qué cualidades veo en mí y cuáles he desarrollado?

I) ¿Qué cualidades reconocen más en mí?

J) ¿Qué oportunidades he aprovechado y desaprovechado, etc.?

Después de verse a sí mismo, en estos aspectos, pudo entrar a verse en otro aspecto.

Interesado en este encuentro, se comenzó a hacer preguntas de otro tipo,

tales como:                                                                        

a) ¿Qué sentimientos tengo en general?

 b) ¿Cuándo me siento mal y cuándo bien?

 c) ¿Qué es lo que me motiva a hacer las cosas?

 d) ¿Qué me desespera?   y ¿por qué?

 e) ¿Qué me hace sentirme feliz?

 f) ¿Cuándo es, cuando me siento seguro de mì mismo y cuando lo contrario?

 Esto parecía una espiral de preguntas, que no podían contestarse todas a la vez.

Después de estar unas horas encerrado, decidió tornarse un descanso y salió a caminar a la playa, para despejarse.

Tirado en la arena, contemplaba el atardecer, el sol en el horizonte, entre nubes de colores.

Después de descansar, se fuè a tomar sus alimentos y volvió a su cuarto,

con la misma intención de seguir profundizando.

 Las preguntas que se planteó, lo hicieron confrontarse más, consigo mismo.  Descubrió en ese encuentro, la herramienta con la que contaba, le dió alegría, se dijo a sí mismo:

¡Cuento con libertad e inteligencia!    ¡Tengo sentimientos!

¡El don de la Fè, se me ha dado!

Y mi cuerpo me sirve para moverme y modificar mi medio ambiente; aunque estuviera paralítico, ¡ya estaría expresando por lo menos mi ser, a través del cuerpo!  pero,  

                                             ¿Quién Soy Yo?

Soy sin duda lo que se me ha dado y yo he decidido tomar, ò colaborar en esa misión, que me ha dado el ser que me creó, no mis papás, sino el que me dió el Ser.

Hubo un gran silencio en sus pensamientos, en actitud reflexiva y contemplativa.

En ese cuarto oscuro, sintió que lo acompañaba el ser que lo creó y comenzó a hacer un esfuerzo por comunicarse con El, diciéndole:

Si Tú me creaste con una inteligencia,  sentimientos, me diste libertad y me has dado una fe,   

                                   ¿qué quieres que haga?

Y hubo únicamente silencio, lo único que estaba en sus manos, era la verdad.

                           

                                        ¿Cuál verdad?

La verdad, de que al conocerse a sì mismo, ya había estado conociendo al Ser que lo creó.

Se quedó dormido, cansado de tanto pensar, decidió descansar al día siguiente.

Salió con sus amigos a bañarse en el mar, subió el monte que estaba cerca,

jugó un partido de básquetbol y se asoleó en la playa.

Mientras hacía estas actividades de descanso, su inconsciente trabajaba, en dar respuestas profundas y satisfactorias, de acuerdo a la verdad, a todos los cuestionamientos que se había planteado.

Esta técnica de encierro le había dado resultado, así que prosiguió a continuarla una vez más.

Si el Ser Supremo me creó     ¡fue para algo!

¿Para qué me creaste?

¿Acaso para gozar de las vacaciones, ò sufrir en la vida cotidiana?

¿Por qué, si eres tan poderoso, no te hiciste como nosotros, para vivir lo que vivimos y sufrir como sufre el hombre?

Este pensamiento, lo inducía a sentir una injusticia de parte de su Creador, pero bien sabía que su Creador, no podía ser injusto, porque es perfecto, sino no sería el que es eternamente.

Como un rayo recordó que Dios se hizo hombre en su Hijo ?nico, que vivió y sufrió más que ningún hombre en la tierra y que se había hecho como nosotros, menos en el pecado.

Se encarnó para salvarnos y había muerto con una muerte de las más crueles.

Al tercer día, con su gran poder, había resucitado de entre los muertos y está de nuevo en su gloria esperándonos.

Se quedó callado, humillado en su pensamiento y con gran respeto ante El,

le preguntaba:

                                       ¿Qué quieres de mí?

En medio del cuarto, no había más que un profundo silencio y atento a escuchar la respuesta a su pregunta, oyó en su conciencia, una voz firme y amorosa, que le decía:    "¡Sígueme!".

En el cuarto oscuro, solo ante la verdad, todo lo que se había conocido,

a sí mismo, lo que había reflexionado, lo que había experimentado,

vivido y sentido toda su vida, desembocaba en una realidad:

Seguir o No Seguir al hijo ùnico de su creador, que en ese momento

le estaba hablando a su conciencia.

Sabía que si lo seguía, tenìa que renunciar a muchos gustos personales, a su propio egoísmo.

Su inteligencia, sus sentimientos, su libertad y su fe y todo su ser, tendría que ir dirigido, absolutamente hacia El, porque El no le pedía sólo una parte,

Le Pedía Todo.

¿A cambio de qué?

De darle una felicidad verdadera y eterna, resucitarlo para la otra vida y que viviera compartiendo eternamente el Amor.

Primero se dijo, tan a gusto que vivía, antes de estar consciente de esta realidad.

¿Por qué todo este encuentro, tenía que desembocar en un compromiso de tal magnitud?

Pero viendo las cosas desapasionadamente, de acuerdo a la verdad, se diò cuenta, que valìa la pena, dar la vida por JES?S, se decidió a entregarle su vida, su ser.

Comenzó una nueva vida, hoy y siempre es llevado por ?l, en su amor y su gracia, a horizontes insondables de paz, ternura, pureza, armonía, rectitud y felicidad verdadera.

JES?S lo resucitó, como se lo había prometido y desde ese lugar,

nos espera a todos sus amigos, para compartir el amor eternamente?