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lunes, 24 julio 2017
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SENTIDO DEL DOLOR

En la cama se revolcaba del dolor, era desesperante estar enclaustrado en ese hospital, esperando la muerte minuto a minuto, parecía una eternidad suspendida en el dolor.  

¿Para qué tanto sufrir?   

¿para qué pasar los dolores que son insoportables de llevar?

¿acaso no sería mejor que me mataran?

Con angustia afrontaba este señor, el final de su vida.

Había tenido quemaduras de tercer grado y si moría, dejaría viuda a su esposa con cuatro hijos, el más chico era un bebé.

Los gastos de hospitalización los estaba dejando en la bancarrota, la esposa tendría que dedicarse a buscar un trabajo o hacer alguna labor remunerativa.

El enfermo, por un lado quiere permanecer con vida, para ayudar a su querida esposa y a sus hijos, por el amor que les tiene, por otra parte, siente que ha dado más de lo que un día se imaginó, en el dolor.

La situación es desesperante, los doctores hacen lo posible por aplacar el dolor intenso con inyecciones y medicamentos, pero pasando el efecto,

el dolor insiste en habitar en ese cuerpo tan dañado.

En momentos de desesperación, el enfermo prefiere morir y grita  

¡mátenme!    ¡ya mátenme!    Pero la labor de los doctores no es de carniceros, su labor es sanar los cuerpos, para que después goce el espíritu.

Un visitante del enfermo, lo acompaña en el dolor, sentado a un lado de la cama, en silencio y meditando:

¿Qué sentido tiene el dolor en este mundo, para el que no tiene fe?

¿De qué le vale a una persona, nacer pobre, sufrir tantas necesidades de afecto o de autorrealización, para morir culminando en el lecho del dolor?

Si por la vida se soporta la muerte,   ¡es porque tiene grandes compensaciones!

En ese momento recordó, como su madre había tenido a su hermanito,

con tanto dolor y al haber nacido, ésta lloraba dé alegría.

Los dolores del parto, habían tenido su gran compensación, en poder dar la vida a una nueva criatura.

Pero sufrir en sí mismo, dolores de quemadura en el cuerpo,

¿cómo se puede dar vida a los demás?

Lo sé, únicamente con la oración, para que Dios le dé el valor redentor.

Recordaba a los aztecas, cómo voluntariamente algunos se dejaban sacar el corazón, con cuchillos de piedra, para ofrecerlo a su Dios.

El enfermo renegando, le preguntaba a Dios:

¿porqué permitiste que el hombre sufriera?

¿acaso no lo pudiste evitar? 

El visitante, oyó en su corazón, que Dios le hablaba con Amor:

Nadie ha sufrido más que yo, al sufrir ustedes sufro yo, porque habito en ustedes y ustedes en Mi.

¿De qué le vale a un hombre dejarse quemar vivo, si no lo hace por amor a Mi?

Aunque se sientan solos, no están solos, yo estoy con ustedes y te he hecho venir a este hospital a acompañar a tu hermano, para que le ayudes a bien morir y deje de renegar.

Así como la madre da la vida al hijo, después de sufrir, así les daré la vida eterna, después de sufrir en este mundo, en el cual  están de paso, es necesario el dolor como purificación, para que tengan la vida eterna.

Si sus sufrimientos me los ofrecen, yo los tomaré en cuenta para ayudarlos a bien morir y les daré la vida eterna.

Todo el que sufre por bien de su hermano, intercede por  él ante Mi y Yo lo escucharé.

Este visitante enviado por Dios, se vió confortado en su dolor sentimental, se levantó, se acercó a su hermano que estaba  en el lecho del dolor y era el único momento que le quedaba para hacerle ver la compensación de la vida.

Si moría de inmediato el enfermo, después ya sería demasiado tarde,

al encontrarse en otro plano de existencia, en donde no encontraría ninguna compensación del dolor, por no haber creído en el autor de la vida,

por no haberle ofrecido sus sufrimientos...

El representante de Dios, con palabras de Amor y de ternura, lo ubicaba en un aquí y ahora, como un momento decisivo, como un momento que jamás se volvería a repetir y que marcaría la ruta a seguir en la eternidad, o te quedas con tu dolor para siempre, o se lo ofreces a tu Creador, para que El lo alivie al compensarte con la vida eterna.

¡Con trabajos pudo hacerlo entender la importancia de este hecho!

Entre lágrimas y nervios exaltados, pudo convencer en el lecho del dolor,

al pobre enfermo, éste cambió su actitud ante el dolor y a partir de ese momento con humildad pidió perdón de todas sus faltas cometidas en la vida.

En la medida que el dolor se agudizaba, la paz invadía su corazón, porque había recibido el perdón de su Creador a través de su enviado.

Pudo morir ese día feliz, a pesar de todo, porque terminó su vida con un sentido más trascendental...