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viernes, 17 noviembre 2017
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SENTIMIENTOS OSCUROS

Estaba aterrado, mientras caminaba hacia abajo, al encontrarse en la cueva oscura y silenciosa.

Sentía no poder continuar más, por el miedo que le causaba la lógica, para él, eran realidades inminentes que podían suceder:

Caer precipitado al abismo, dentro de la cueva, ser picado por algún animal venenoso, o mordido por alguna serpiente, los vampiros, o pisar cucarachas que le causaban mucho asco.

De pronto se detuvo, porque no traía lámpara ni antorcha, ni soga.

Sólo había tomado un palo que encontró en el camino.

Su hijo había resbalado dentro de la cueva y por más que le gritaba, éste no contestaba.

¿Habría muerto? ¿Dónde estará?

 En ese accidente, unos minutos, o segundos, podrían representar la vida o la muerte de su hijo.

El papá estaba angustiado, sentía mucho miedo e impotencia, de hacer algo de inmediato.

No traía con que comunicarse rápidamente, en busca de ayuda, su corazón palpitaba rápidamente y sólo se escuchaban sus gritos desesperados, sin respuesta alguna.    ¡Hijo, hijo, responde!

Una voz resonó en su mente y le decía: ¡Piensa, piensa!

¿Por dónde se resbaló?

¡Por ahí!

¡Sigue el recorrido con precaución, para que no resbales también!

Se dio valor y comenzó a bajar sin luz, con la esperanza de encontrarlo.

¡Ya no veo nada!

Tu sigue, sigue bajando, hasta donde pudo haber caído el cuerpo.

Se sobreponía al horror que experimentaba su mente y su corazón; sintió que caminaba un animal por su brazo, sacudiéndoselo de inmediato, con violencia. Con esto se asustó más, pero su mente le decía

¡Continúa hasta donde puedas! Y volvía a sobreponerse al miedo, para salvar a su hijo.

Pocos pasos más y sintió que pisaba algo aguado, trató con el tacto,

de averiguar lo que sería aquello y se dió cuenta que estaba pisando a su hijo, ¡¡HIJO!!   ?ste se había desmayado, por un golpe en la cabeza y tomando el papá el rostro de su hijo, lo cacheteó    ¡Despierta hijo, despierta!                    Y al segundo intento    ¿¿Heee??    ¡Ay!

¿Estás bien?

¡Ay!

¿Puedes pararte?

¡Ay mi mano!

¡Hijo, debemos salir de aquí de inmediato, como podamos!

Y cuesta arriba caminaron, comenzando a ver la luz.

Sentados fuera de la cueva, veía a su hijo y le daba besos en la mano y en la frente ¡Gracias a Dios estás vivo! ¡Te recuperé!

Y volviendo a casa para curarlo, pensaba en el camino:

Nunca me imaginé lo que quería a mi hijo, hasta que lo sentí perdido.

¿Por qué tendría que pasar esto, para descubrir mis sentimientos y demostrarle mi amor?

¿Sólo somos capaces de hacer algo bueno, cuando vemos el mal inminente?

¿Por qué no me nace ser cariñoso y servicial, en momentos normales?

Mientras, el hijo le decía  ¡Gracias papá!  ¡Me salvaste la vida!  ¡Eres un héroe! ¿Por qué lo hiciste?

                            ¡Porque te amo hijo, porque te amo!

 Y después de darse un abrazo, pensaba el papá:

¡Sólo salvé el cuerpo de mi hijo!

¿Qué tan capaz soy de conocer sus sentimientos, que para mí son desconocidos y oscuros como la cueva?

Tengo miedos que me paralizan, para salvarlo de lo que a él le preocupa o a veces le angustia.

¿Seré igual de valiente, en adentrarme en su cueva, para ayudarlo a salir y salvarlo para que sea feliz?...