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viernes, 17 noviembre 2017
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AMOR CONYUGAL

Un sábado en la mañana, Federico le telefoneó a Pedro y se fueron al club a jugar básquetbol.

Mientras jugaban, Federico observaba a unos matrimonios con sus hijos.

Entonces le dijo a Pedro:  yo no sé para qué se casan las parejas, que se aman. Si no se casaran, no habría divorcios y cuando ya no se entendieran, que cada quien buscara a otra pareja y así los dos felices.

Pedro no pensaba igual y le respondió:

¿Tú crees que eso es amor?

¿No será un egoísmo, que no han sabido superar los dos juntos?

Con asombro respondió Federico:

¿Egoísmo porqué, si cada uno deja en libertad al otro?

Pedro insistía: ¿Tú crees que en eso radica la libertad?  

¿No será que por su falta de amor, se sienten inseguros uno del otro y mejor se mandan a volar mutuamente?

Federico se quedó pensativo, pero siguieron jugando.

En el fondo, Federico tenía sed de amar, pero por su cobardía prefería apoyarse en la cantidad de mujeres, que comprometerse con una, ofreciendo y buscando calidad de amor.

Después de un partido, Federico le preguntó a Pedro:

¿Tú todavía crees en la fidelidad de las mujeres?

¿Qué Pasa si te portas siempre fiel y de pronto la ves con otro?

¡Contéstame!

¿Quién sale perdiendo?

Le contestó Pedro: es doloroso, no lo niego, pero te aseguro, que el que es fiel, no se puede avergonzar nunca de su dignidad humana, en cambio el infiel si tendrá de qué avergonzarse.

El amor es siempre un riesgo, pero el que no corre ese riesgo, con ciertas bases, creyendo que se llena de felicidad, se engaña a sí mismo, porque sufre su incapacidad de amar.

Si el hombre se hizo para amar y no ama, entonces   ¿para qué existe?

Recuerda muy bien:   ¡El que ama, nunca pierde!

Se fueron caminando a tomar un refresco al bar, y en el camino le comentó Federico: todavía no entiendo para qué se casan.

Pedro trataba de explicarle:

Las parejas, si se casan al civil, es un contrato social, en donde la fidelidad está comprometida ante unos testigos y un papel firmado.

Ante la Iglesia se casan, los que se suponen, que creen en Dios, para que El asegure con su amor y sus gracias el matrimonio; al mismo tiempo, la pareja se compromete primeramente con Dios y después con su cónyuge, es decir,

si amas más a Dios que a tu pareja, podrás asegurarle un amor fiel,

más duradero, que si sólo te apoyas en un papel firmado.

En cuanto a la fidelidad, supongamos que hay varias avionetas enfrente de ti y te subes a la mayoría, pero te bajas en cuanto sientes el temor de despegar de tierra, así nunca sabrás lo que es volar por las nubes, y si yendo en las nubes prefieres abandonar la avioneta, nunca sabrás lo que es llegar, a tu verdadero destino...

Esto le abrió los ojos a Federico, para comprender que el hombre está llamado a la perfección en el amor conyugal.

Desde entonces hizo suya esa frase, y su vida cambió:

El que Ama, Nunca Pierde.