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martes, 25 abril 2017
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ACEPTARSE A SI MISMO

Caminaba sediento por el desierto y su mente comenzó a imaginar el agua, cuando su cuerpo sintió necesitarla, pensaba:

El agua nunca tiene sed, es portadora de vida, está en contacto directo con la fuente de la vida.

"Si yo fuera una gota de agua" fundida en el mar sería el mar,

en la proporción que me tocaría vivirlo, podría jugar con las olas y la espuma del mar, podría ver los atardeceres más hermosos en el horizonte y conocer los paisajes marinos más exóticos, su variedad de peces y plantas.

Al evaporarme, vería el mundo desde las alturas y al caer a tierra, podría dar vida a las plantas y a los anima­les.

Al caer a tierra, la empaparíamos, formando lagos y ríos que regresan al mar. Mientras su cuerpo necesitaba del agua, su mente huía de su realidad inconfortable, prosiguiendo con sus pensamientos:

Al ser una gota de, agua llegaría a ser "Signo, de Vida" también

"Signo de Perfección" porque realizaría exactamente el llamado intrínseco y extrínseco de mi ser, sin desviarme ni a la derecha ni a la izquierda, según mi gusto, haría exactamente lo que mi Creador me tendría marcado.

Sería "Signo de Sabiduría? porque actuaría perfectamente respecto al llamado a ser, sabría perfectamente "cómo actuar".

Ante estas observaciones, le brotaban ciertos cuestionamientos, que él mismo se contestaba:

¿Cuál es la diferencia entre sabiduría y armonía?

 Pienso que la primera se refiere a "Cómo ser y cómo actuar" y la segunda "Cómo hacer y cómo estar", son diferentes pero se complementan.

 Pero en cuanto Ser, ¿qué me diferencia de las otras gotas de agua?

                               ¿Quién sería yo?

Las gotas tendríamos las mismas características, sin olor, transparentes y sin sabor, además de no tener forma propia, sino del recipiente que nos sostuviera, ¿acaso sería una gota más perdida en el mar?

Creo que la, gota de agua que tiene a Dios, no está perdida, simplemente está ahí en el mar, con Dios.

Si solamente somos un signo de lo que "Dios es", entonces yo sería una partícula específica del "Ser extrínseco de Dios".

Serviría como Signo de su Vida y esto traería como consecuencia, una gran vivencia, de El en mi.

No hay mayor felicidad, que vivir en cada instante y momento, su Amor y su gracia, para toda la eternidad. 

Al ser un medio, para transmitir lo que EL es, me daría como regalo,

una gran paz y una gran felicidad.

Una vez más le brotó otra pregunta que él mismo volvió a contestarse:

¿Cuál es la diferencia., entre hacer la voluntad de Dios y actuar por vanagloria?

En ese momento sopló un viento más fresco y lo animó a seguir caminando, reflexionaba:

Para hacer su divina voluntad, El marca el camino; en cambio, la vanagloria no marca el camino de Dios, es cuando el hombre se guarda algo para si mismo, por lo tanto, se mal utilizan las gracias que El reparte.

Lo importante sería, ser totalmente fiel a su voluntad y gozarme en El, desechando por añadidura todo lo vano.

Esto será posible hasta que en verdad viva una entrega total y absoluta a El, diciéndole     ¡aquí estoy Dios mío para hacer tu voluntad!

Después de esto podré decir  ¿dónde quedó la vanidad que me estorbaba?,  ¡quedó fuera de mi!,

                                    ¡así seré verdaderamente libre! 

Vió pasar unos peregrinos y le dieron de beber agua, después de descansar discernía:

¿para qué quiero ser una gota de agua, si tengo muchas gotas dentro de mi?, ¿acaso quiero dejar de vivir fuera de mi, para entrar en mi mismo?

Lo ?nico qué me diferencia de la gota de agua son las características y además que     ¡yo tengo libertad!   y la gota no.

Pero en esencia, ¿seremos lo mismo?, pienso que sí, los dos únicamente somos servidores.

Entonces si tengo este don extraordinario de libertad

¿Acaso no podré ser tan perfecto o más que la gota de agua?

A partir de esta reflexión, se sintió con mayor dignidad que ésta y aceptó más su condición humana y lo que esto implica.

Concluía motivado diciéndose a si mismo:

Si en esencia tengo ventaja sobre la gota de agua,

¿cuánto más podré llegar a ser y hacer con mi libertad?

Siendo una gota de agua, también sufriría con el calor o el frió, las caídas en las cascadas o con los cambios internos al mezclarme con otros elementos.

Si de cualquier forma sufriría en mi cuerpo, es mejor aceptarme como Dios me hizo, sonrió y siguió con la frente en alto, su camino...