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lunes, 21 agosto 2017
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EL VERDADERO TESORO

En la casa vieja que le heredó su abuelo y que nadie quería comprar, escondió un gran tesoro en el baúl, allá en el sótano.

Ese tesoro lo encontró, cuando buceaba con sus amigos.

Como él encontró el tesoro, se apoderó de él, compartiendo sólo una pequeña parte.

Le ayudaron sus amigos a sacarlo, mas no sabían dónde lo había guardado, después de llevárselo en una camioneta prestada.

Una noche que estaba en la casa vieja, tomó un quinqué y bajó al sótano,

para ver si de casualidad, nadie había dado con aquel baúl.

Desde que lo encontró, apegó tanto a su tesoro, que únicamente pensaba en eso.

Se decía a sí mismo, dejando el quinqué a un lado, y tomando las monedas de oro y objetos de plata muy antiguos entre sus manos.

"¡Soy rico!, ¡soy rico!. Ahora sí podré comprarme lo que quiera, soy dueño del mundo, podré viajar y divertirme, podré descansar de mi problema económico y me daré buena vida, haré proyectos y los llevaré a cabo.

¡Esto vale una gran fortuna!, cuántos quisieran tener entre manos lo que yo poseo; me olvidaré de trabajar, y ahora sí a gozar".

Aquel tesoro tenía un gran valor, vendió casi todo el tesoro, compró todo lo que quiso.

El mejor auto del año, la mejor residencia, el mejor yate, los mejores aparatos de sonido y de video, hasta un pequeño submarino para sus prácticas de oceanografía.

Logró poner en el banco una buena suma de dinero, viajó por muchas partes del mundo.

Estuvo en los mejores hoteles y restaurantes, asistió a los mejores conciertos y a los espectáculos más costosos.

Participó en subastas de objetos antiguos, donde gastaba fuertes sumas de dinero, para sentir que podía comprar el mundo con la mano en la cintura.

 Vinos y mujeres, desde entonces nunca le faltaron, caminaba por la vida inflando su orgullo a través del dinero.

Estaba orgulloso del tener, de poseer, de vivir la riqueza, la abundancia,

el desenfreno a sus caprichos reprimidos, de su austeridad pasada.

Tres años fueron suficientes, para darse cuenta, que en su baúl ya no quedaba nada.

El capital del banco ya no fué suficiente para sus gastos.

Su auto en un accidente quedó inservible, y no lo había asegurado.

El submarino se descompuso, la casa la perdió, al hipotecarla, para un negocio, que no resultó.

En fin, la vida económica, que lo había ayudado a despreocuparse por varios años, era su Máxima preocupación.

El hábito que formó, en vivir de esa manera, no era tan fácil quitarlo, y mucho menos, seguir gastando como de costumbre.

Su falta de organización y su mala suerte lo hizo caer, en donde estaba en un principio.

En una noche tomó de nuevo el quinqué, bajó al sótano, dejó el quinqué a un lado y abrió el baúl.

En la oscuridad iluminada por el quinqué, ya nada pudo tomar entre sus manos, y decía con amargura:

"¡soy pobre!, ¡soy pobre!, ya no tengo nada".

Ardió de coraje, ya que su orgullo vió aplastado por la realidad que vivía, y lo humillaba en su interior.

 Quizo hacerse rápido de lo que había perdido, sabía que era muy difícil llegar a tener a corto plazo, lo que pudiera obtener con el fruto de su trabajo, de su profesión.

Encontrarse otro tesoro en el mar, era algo casi imposible.

No tardó mucho en decidirse a robar, pero tampoco tardó mucho, en caer en manos de la justicia.

Dentro de la cárcel, vivió la soledad, y fue cuando comenzó a añorar a sus amigos.

Recordaba a los que le habían ayudado a sacar el tesoro, a los compañeros de la universidad, amigos del banco, y aquel amigo pobre que le lavaba su auto

y su yate; también recordaba a sus familiares.

Pero ya nadie se acordaba de él, ni nadie lo visitaba.

Como vivió un mundo tan personalista, sin sembrar en los demás, semillas de amistad y de cariño, sin hacerse necesario para nadie, lo veían como un castillo encerrado, con riquezas en el sótano de su corazón.

Nadie se sentía invitado a participar de aquello, y mejor lo ignoraban.

Fue entonces cuando su orgullo y su auto‑suficiencia, comenzaron a declinar ante su cruda realidad.

Dentro del penal, vivía con mucha aridez, recordando viajes, aventuras, placeres, gustos que se dió y lo que tuvo; y todo eso no era suficiente para llenar el hueco, que se abría en su soledad.

Y encerrado en su celda, lloró amargamente.

Comenzó a dudar de todas aquellas personas que alguna vez le habían hablado de caridad, del Perdón y del amor verdadero.

Su corazón se tornaba oscuro, sólo en la esperanza de salir de aquel Penal.

Un día le avisaron que tenía visita. Primero, pensó que era el  abogado, el psicólogo o el médico, pero al saber que era aquel amigo pobre, que le lavaba su auto y su yate, se llenó de admiración.

Al saludarlo, su rostro se lleno de alegría, al igual que su amigo y platicaron, hasta agotar el tiempo permitido.

Aquel amigo Pobre, a la vez que se iba feliz de haberlo visitado se llevaba una gran tristeza, que sólo se podía  aliviar, con la liberación de su amigo.

Llegó a su casa, y en la noche, cuando estaba solo en su cuarto, únicamente pensaba en su amigo.

Al día siguiente, decidió sacar sus ahorros de varios años de trabajo y pagar la fianza, para devolverle la libertad perdida.

Le dolió gastar sus ahorros, que con  esfuerzos había logrado juntar; pero más le dolería,  pudiendo liberar a su amigo, dejarlo ahí encerrado, así que ese mismo día lo liberó.

Ese acto de generosidad tan grande, dejó al ex millonario lleno de agradecimiento y  alegría, esta fué la causa de su conversión.

Después de este hecho, apreció más su libertad, volvió a creer en el amor verdadero, se sintió comprometido con la vida, ya no fué capaz de volver a sus pasos anteriores.

Esa luz que el pobre le había llevado, ya no fué capaz de menospreciarla y aventarla por la ventana, reconocía que su amigo, valía más que todas las                        riquezas que había tenido.

Recuperó esa alegría por la vida, tomando como tesoro los valores que su amigo vivía de paz, felicidad, armonía Y verdadera humanidad.

 Todo esto contemplaba en el rostro de su amigo y en esa forma de ser.

Sabía que esos valores sublimes los podía llegar a hacer suyos con la ayuda y el ejemplo de esa amistad.

Su vida cambió, cuando el rocío tocó su corazón y dejó caer esa gota de amor que limpió su oscuridad, para poder ver la luz.

Desde entonces, ya no busca los tesoros de oro y plata; desde ese entonces la honestidad lo acompaña, y se dice a si mismo, una y otra vez:

??El que tiene un amigo, tiene un tesoro"