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lunes, 24 julio 2017
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TESTIMONIO

En el rostro del joven alpinista, se reflejaba la luz,  como vida encerrada en  su corazón, en busca de aventura, de verdad y de vida.

Cruzó los valles y montes, hasta llegar a la cumbre de una alta montaña, donde divisaba desde lo alto, lo imponente de la creación que le rodeaba.

Era maravilloso ese paisaje, a plena luz del día.

Su corazón palpitaba tranquilo.

Después de un rato, hubo una inspiración, que fué palpitando más fuertemente en su corazón, y que lo impulsó a proseguir su camino a lo desconocido.

No sabía dónde, ni por qué caminaba en esa dirección, sólo sentía la sensación del espíritu que lo llevaba.

Caminó varias horas descendiendo entre montañas y valles hasta llegar a un monte junto al mar, de donde podía contemplar el horizonte abiertamente, mirando su inmensidad, sobre las aguas profundas y azules.

Después de esto, se preguntó:  y ahora   ¿qué hago aquí?

Sólo me sentí impulsado a caminar y aquí estoy.

Y siguió contemplando el mar.

Monte abajo, observó a una persona que estaba inmóvil, sobre el pasto, al lado de una cabaña, con las piernas vendadas y extendidas.

Después de observarla, se acercó caminando hasta donde estaba, y le preguntó:                               ¿Qué te ha pasado?".

Y con humildad contestó:  estoy paralizada y llevo ya dos meses así.

¡Lo siento! contestó el joven.

la enferma, siguió comentando:

Estos dos meses, se me han hecho como 5 años, mis hermanos me cuidan, y en un principio me sentía mal de ser un estorbo.

¿Y ahora cómo te sientes?

Mejor, hay cosas que me he puesto a pensar que han tranquilizado mi espíritu.

Con interés preguntó el joven:  ¿Cómo cuáles?

Pienso que así como cuesta dar, también cuesta recibir, no importa cuál acción sea, siempre y cuando sea buena para el amor.

Si todos solamente dieran, entonces ¿quién recibiría? o si todos solamente recibieran    ¿quién se encargaría de dar a todos?

Lo importante es estar dispuesta a servir, y pienso que una forma de dar, también es recibir; se ayuda a los demás y se fortalece el espíritu en la humilda.

El joven se quedó admirado de aquellas palabras, y más de quien las estaba escuchando, y aquella plática fué el principio de una hermosa amistad entre los dos.

Partió de nuevo el joven, caminando hacia las alturas entre valles y montañas, y llegó a la cumbre de donde había partido.

Viendo el paisaje, meditaba las palabras, que aquella mujer le había dicho, y comentó en voz baja para sí mismo:

Yo que partí de aquí pensando que iba a realizar grandes obras, sólo me di cuenta que en verdad lo grande, no está en cruzar largas distancias con mi caminar, sino el saber vivir con sabiduría, para caminar hacia las cumbres del espíritu, donde éste se llena de vida...